Esta segunda edición se desarrolló en el claustro catedralicio, que permanecía cerrado al público desde hacía más de un siglo, y estuvo constituida por 471 documentos sobre papel, piedra y pergamino de un valor extraordinario procedentes de múltiples instituciones eclesiásticas de Castilla y León. De entre todos ellos sobresalían cartas autógrafas de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, un espléndido número de biblias de los siglos IX al XII, los beatos de Valcavado y Osma, el Sinodal de Aguilafuente, primer incunable español, la Carta de arras del Cid o el testamento de Isabel la Católica. Todas estas obras estaban distribuidas en una serie de capítulos y subcapítulos ideados nuevamente por José Jiménez Lozano y titulados: «Los balbuceos de la Lengua», «La Biblia para los ojos», «Los huidos del siglo», «Los Reyes en su corte», «Los Obispos en su cátedra», «Los Monjes en sus monasterios», «Los Sabios en su aula», «Los trabajos y los días», «Los oficios», «Los conflictos de la vida», «La salud y la enfermedad», «Los juegos y las fiestas», «La hijas de Eva», «Las estaciones del año», «Una lengua para el amor», «Un habla peligrosa», «Los otros hijos de Abraham», «Los libros de bolsillo», «La luz de la razón y La «extraña ínsula» de América».